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Balance provisional

2006, el año de las pequeñas batallas ganadas

Fecha de publicación: 2 enero, 2007

Como siempre, toda lectura es posible si posible y entendible es la posición que se toma en la interpretación de la realidad. América Latina y el Caribe avanzaron lentamente hacia un territorio de autodeterminación si se tienen en cuenta las cuestiones formales de los sistemas de gobierno pero siguen a merced del zarpazo final que el imperio prepara desde hace tiempo. Bienvenido 2007, prepárese porque es tiempo de trabajar junto a quienes construyen la liberación definitiva de Nuestra América.

Cerramos el 2005 habiéndole dado un golpe mortal a las aspiraciones neocolonialistas estadounidenses al frenar la instauración del Area de Libre comercio de las Américas (ALCA) y se trabajó durante esos doce meses de manera intensa en el fortalecimiento de la integración económica y política del Mercosur y de la Comunidad Sudamericana.

Sabíamos, desde los medios de comunicación alternativa, que la batalla por las palabras iba a tener momentos difíciles porque este 2006 era el año de la consolidación formal de las democracias, ahora populares, de Nuestra América.

Así pensado, el año 2006 nos dio la reelección de Luiz Inácio Lula Da Silva en Brasil y de Hugo Chávez en Venezuela como la garantía de que los procesos de recuperación de la autonomía de los pueblos continuará en su camino de consolidación.

A esto debemos sumarle, con alegría, el triunfo de Rafael Correa en Ecuador y la fortaleza de Evo Morales para poner de pie a su Bolivia querida a pesar de la insoportable presión de los Estados Unidos y sus cipayos de la llamada Media Luna de Oriente que avanzan con los enfrentamientos por la autonomía.

Esa situación en Bolivia es una de las llamadas de atención como también lo son, en el terreno de las formalidades democráticas, el triunfo mediante fraude del continuismo en México, con Felipe Calderón que llega a terminar la labor inconclusa de entrega de Vicente Fox, y el fortalecimiento de Alvaro Uribe en Colombia, con la extensión del Plan Colombia y el renovado apoyo estadounidense para intentar controlar los procesos de cambio en la región.

Y de eso se trata. Pequeñas batallas ganadas serán los resultados electorales si los gobiernos no escuchan a los pueblos, si no “mandan obedeciendo” los designios de los movimientos populares que dicen basta de imperialismo y que no están dispuestos a seguir poniendo los muertos en una batalla que no los tiene en cuenta.

Así, entre las buenas intenciones y hasta excelentes estrategias chavistas de consolidar el sistema democrático para quitarle flancos de ataque a los enemigos, hasta la insistencia de Néstor Kirchner en la Argentina para buscar memoria, verdad y justicia respetando el Estado de Derecho, se podrá sentir que los pueblos avanzan hacia su destino de grandeza pero quedan puntos oscuros que atender.

Y no hay que ser muy sagaz para adivinar que más allá de la decisión política de quienes gobiernan, y por supuesto, del acompañamiento y presión de las bases para que no equivoquen ni demoren los pasos, está la cara de ese imperio que se resiste a aceptar que comenzó su lenta, patética e irremediable derrota.

Y cuando decimos cara del imperio, hablamos de la estructura política estadounidense que, repitiéndose cada dos años, alterna en el poder a esos títeres de las grandes empresas que –así como debieron abandonar las estrategias de dictaduras y posteriores democracias controladas en Nuestra América- ahora necesitan resolver su contradicción casi indisoluble: nos necesitan muertos para quedarse con nuestras riquezas y nos necesitan vivos para que seamos el mercado de sus espejos de colores.

Comienza el 2007 y los tiempos del imperio serán vertiginosos como un huracán espástico que pide a gritos “no lo hagan, no avancen más hacia la integración definitiva”.

Mientras tanto, y como siempre, en medio de las urgencias del hambre que marca las horas de millones de latinoamericanos, la paciencia se va transformando en herramienta de cambio. “Los pueblos tienen tiempo, he ahí su fuerza y su grandeza”, dijo alguna vez el militante peronista John William Cooke.

Sólo será cuestión, querido y recién llegado 2007, de contar y sumar las horas de los logros, de construir sólidas solidaridades y de jamás dejar de caminar junto a los pueblos para estar ahí en el momento de contar la historia.

Última modificación: 2 de enero de 2007 a las 00:20
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