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Papeleras

Benedetti, no te salves

Fecha de publicación: 21 febrero, 2006

Vos lo dijiste (Y perdón por el tuteo): “Pero si pese a todo / no puedes evitarlo / y congelas el júbilo / y quieres con desgana / y te salvas ahora / y te llenas de calma / y reservas del mundo / sólo un rincón tranquilo / y dejas caer los párpados / pesados como juicios / y te secas sin labios / y te duermes sin sueño / y te piensas sin sangre / y te juzgas sin tiempo / y te quedas inmóvil / al borde del camino / y te salvas / entonces / no te quedes conmigo”.

Aclaración necesaria: La coincidencia de apellido es simplemente eso, coincidencia.

Dicho esto, varias páginas podría escribir enarbolando el orgullo y la pasión que sostienen y tienen sus escritos para quienes usamos la palabra como única y frágil herramienta para decir lo humano.
Un decir rioplatense sin errarle en la dirección de la mirada. Ese contar lo nuestro con alas de poesía, la manera de nombrar a los pueblos.

Por supuesto, este escrito salta al teclado a partir de las declaraciones del escritor uruguayo a varios medios argentinos sobre el tema de la instalación de las papeleras europeas en las ribera del Uruguay (ese cielo azul que viaja).

Rápidamente dejo sentado que la referencia a la posible costumbre “coimera” argentina, en este caso del gobernador de la provincia de Entre Ríos, Jorge Busti, no me provoca nada, más allá de que deja sentado que de uno y otro lado del río, hay distintas pretensiones coimeras sin aclarar que la corrupción es estructural a las prácticas de las grandes empresas del mundo incluyendo en esto a los organismos internacionales como el Banco Mundial, integrante del consorcio de la empresa francesa Suez.

Lo que espanta es que esta vez, creo que por esta única vez, el poeta cerró los ojos no para soñar maneras de nombrar lo bello sino para confundir al enemigo.

Largas investigaciones y varios testimonios demuestran que las empresas que fabrican papel son altamente contaminantes. Claro es también que se trata de emprendimientos extractivos de las riquezas naturales (al mejor estilo colonial) y no de oportunidades de industrialización para nuestros países.

Claro es también que el negocio es completamente de las empresas (¿Y si no para qué firmó Jorge Batlle y aprobó el Congreso ese acuerdo con Finlandia que transforma a los terrenos de la papelera Botnia casi en territorio finlandés?) y que los grandes oportunistas locales van detrás del negocio maderero, con Alberto Lacalle a la cabeza, que arrasará con tierras óptimas para los cultivos y la ganadería.

También se sabe que la inversión real en el país será sólo de 200 millones de dólares porque lo demás queda en Europa para la compra de maquinarias y que la creación de puestos de trabajo no será la prometida (lo sabe la ciudad española de Pontevedra donde sólo tienen trabajo 270 personas, en la papelera Ence) y que si a esto se le suma la pérdida de sustento de cientos de pescadores que perderán su río, ese río “pintor de nubes”, la catástrofe será inevitable.

¿Por qué el poeta se equivoca de enemigo? No será, creo, nada que tenga que ver con pasión política de defender a rajatabla al gobierno de Tabaré Vázquez.

Corrijo la pregunta: ¿Por qué el poeta, ese moledor de imágenes de oficio, se distanció del pueblo?

Benedetti, no te salves. Bastante tuvo mi corazoncito aquella vez que a Eduardo Galeano le dolió Cuba.

Si estamos todavía peleando y en el Inventario latinoamericano tu nombre se escribe claro y alto.

Si cada poema aprieta la garganta de los militantes de la vida que en Nuestra América cada vez cantan más fuertes y afinados en clave de liberación.

Si supiste explicar el imperialismo casi sin nombrarlo, como corresponde a un poeta: “Y digamos por último / que tenemos la noche y nuestra casa / y un reloj que no cuenta hacia la muerte / la ciencia avanza tanto que ha logrado / aislar el virus de la xenofobia / y la patria es ahora un salado bautismo / que va de mar a mar / y los abismo siguen existiendo / aunque nadie se arroje a su silencio / siempre es duro vivir pero se vive / dentro de las esclusas de la vida / y una vez más afirmo / nada de esto es el imperialismo”.

Los sabemos: El digno pueblo uruguayo no tiene hambre, está hambreado.

El cuento de la “inversión más grande de la historia” es pan para hoy y hambre para mañana. Y los intentos de dividir al pueblo rioplatense son papelitos de colores sobre los que no se puede escribir la historia.

Última modificación: 21 de febrero de 2006 a las 22:24
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