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Costa Rica

Costa Rica se integra a agenda de guerra de EE.UU.

Fecha de publicación: 16 julio, 2010

La presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, en una acción que destruye la paz proclamada por su país hace 60 años, abrió ahora una desproporcionada brecha para que Estados Unidos fortalezca aún más su presencia militar en la región latinoamericana, con el manido y poco creído pretexto del combate al narcotráfico que, expresó, pasa por las costas de esa nación centroamericana.

Ese es el mismo argumento usado por el saliente presidente colombiano Álvaro Uribe para instalar en el territorio de su país un extraordinario despliegue armado estadounidense, con la consiguiente amenaza para los restantes Estados de Latinoamérica, en especial aquellos que no comparten la ideología del imperio norteño.

Bajo el llamado Plan Colombia, en esa nación suramericana hay asentados miles de soldados norteamericanos, bases militares equipadas con los artefactos bélicos mas modernos, de rápida movilización, pero que, hasta ahora, que se conozca, no han mostrado un narcotraficante capturado ni una operación abortada contra quienes manejan ese multimillonario negocio cuyo destino es, precisamente, el territorio estadounidense y cuyos jefes no son, precisamente, quienes transportan la droga.

Pero el caso de Costa Rica es extraordinario, porque ese país de un poco más de cuatro millones de habitantes, con la mejor economía en Centroamérica, prohibió en su Constitución Nacional la presencia de Fuerzas Armadas en su territorio y proclama al país como una zona de paz. Ni siquiera cuenta con sus propias Fuerzas Armadas o equipos de defensa.

Ahora Chinchilla, 51 años, del Partido de Liberación Nacional, hace lo que no pudo por razones supuestamente éticas (aunque quisiera) su antecesor, de quien fuera la vicepresidenta, padrino, y aliado de Estados Unidos, el millonario político y Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias: permitir la militarización del país con la presencia de más de siete mil soldados norteamericanos. Esos uniformados poseerán inmunidad para hacer y deshacer en el territorio costarricense. El bloque militar posee también 46 buques de guerra, que actuarán por su cuenta y bajo el mando de la oficialidad del Pentágono.

Aunque Arias se había quitado de un guantazo el título de defensor de la paz con su actitud engañosa durante la situación creada por el golpe militar contra su vecina Honduras y la destitución del presidente constitucional Manuel Zelaya, lo cierto es que no se atrevió a darle la luz verde, como hizo Chinchilla, a lo que muchos califican como “una toma militar del territorio tico”.

Varios observadores políticos han alertado que la Casa Blanca va cerrando el cerco en Centroamérica, donde cuenta con el apoyo de algunos gobiernos conservadores, aún cuando existan presidentes como Daniel Ortega, en Nicaragua, y Mauricio Funes, en El Salvador, alejados de las oscuras pretensiones estadounidenses para esa región y Suramérica.

CHINCHILLA NO ENGAÑA

El pasado día 1, el Congreso de Costa Rica, de mayoría oficialista, aprobó la llegada de la nueva hornada de soldados, equipos y armas estadounidenses a las costas nacionales, en la extensión de un convenio suscrito hace 10 años el cual prevé que las tropas norteamericanos colaboren, en número mínimo, con la Guardia Policial en el patrullaje de las costas. Nada de desembarco en tierra, como ahora, y tampoco la enorme cifra de soldados y buques aceptadas.

La Presidenta, graduada en la Universidad de Georgetown, Washington, trató de explicarse ante la nación, pero al parecer fracasó en el intento, pues pocos creen en que la presencia norteamericana es para realizar misiones antinarcóticos y humanitarias (construcción de escuelas).

La prensa tica denunció que las naves de guerra son fragatas de 135 metros, capaces de trasladar dos helicópteros artillados SH-60 o HH-60B Blackhawks, además de 200 marines y 15 oficiales cada uno.

Esas fuentes informaron también que otros buques y portaviones (como el USS Making Island) transportan hasta 102 oficiales y unos mil 500 soldados. Están artillados y preparados para el combate intensivo. Pueden transportar 42 helicópteros CH-46, cinco aviones de combate AV-8B y seis helicópteros Blackhawb.

Chinchilla fue más lejos. En la reciente renovación del convenio, que tiene vigencia hasta el próximo 31 de diciembre, pues se firma cada seis meses, autorizó la entrada de submarinos de combate, un buque hospital, vehículos de reconocimiento de gran movilidad tanto por mar como por tierra. También podrá llegar al territorio tico el buque USS Freedom, capacitado para el combate a submarinos.

¿Alguien se cree el cuento de que esa enorme y poderosa logística es para combatir a los transportes del narcotráfico, de lanchas rápidas o aviones de poca envergadura? No queda más que pensar que Chinchilla y el presidente Barak Obama dudan de la inteligencia de los latinoamericanos.

Uno de los acápites más vergonzosos del convenio, rechazado por los partidos y organizaciones de oposición al gobierno es que, según un documento oficial de la Embajada norteamericana en Costa Rica al Ministerio de Seguridad de ese país, ahora bajo la bota del Pentágono, “El personal de Estados Unidos (…) podrá disfrutar de libertad de movimiento y el derecho de realizar las actividades que considere necesarias en el desempeño de su misión”.

OPOSICIÓN AL DESPLIEGUE MILITAR

Desde la discusión en el Congreso Nacional, los diputados de los partidos de oposición Acción Ciudadana (PAC), Unidad Social Cristiana (PUSC) y el Frente Amplio (FA), entre otros, rechazaron la ampliación del convenio que consideran “desproporcionada para el combate al narcotráfico”, según hicieron constar en un documento conjunto.

También otras entidades denunciaron el peligro que para naciones como Venezuela entraña la presencia militar norteamericana en aguas del Océano Pacífico y el Mar Caribe. Estados Unidos también tiene bases de movilización rápidas en las islas de Aruba y Curazao, situadas a menos de 70 kilómetros de Venezuela, nación a la que calificó, como a Cuba, integrantes del llamado “eje del mal” (países a los que considera vinculados con el terrorismo internacional).

Ya la Casa Blanca había tratado de introducir y dejar sus tropas en territorio de Haití después del terremoto que azotó esa isla el pasado 12 de enero, en misiones supuestamente humanitarias, lo que levantó un clamor de rechazo en América Latina y El Caribe, donde de inmediato se denunció el plan de militarizar El Caribe. Por eso, ahora, se volvieron hacia Costa Rica con el beneplácito de Chinchilla y su gobierno conservador.

Al respecto, Edgar Morales, dirigente de la Asociación Nacional de Empleados Públicos y Privados (ANEP) costarricense, declaró al periódico Nuevo País que desde 1821, año de la independencia nacional, no había atracado en puerto tico una fuerza extranjera de tal envergadura.

Morales indicó que “ese compromiso involucra a Costa Rica en muchos niveles, en especial porque lo adhiere a los planes y a la agenda de guerra del gobierno de Obama y de paso convierte al país en un objetivo militar”.

Tras calificar de “historieta” los argumentos dados por la Mandataria, el miembro de la dirección de la ANEP, señaló que “esta nueva fase, la ocupación militar, es una consecuencia derivada de los compromisos adquiridos en el capitulo de seguridad del Tratado de Libre Comercio firmado por Arias, que ya había convertido a nuestro país en un protectorado de Estados Unidos”.

Se une abiertamente Costa Rica, ratificó, al Plan Colombia y a la agresión y guerra contra la República Bolivariana de Venezuela y otros países suramericanos amenazados abiertamente por Estados Unidos.

Mientras, el jefe de la fracción del PAC en el Congreso, Juan Carlos Mendoza, dijo a emisoras locales que el convenio hasta ahora solo se remitía a operaciones policiales, no a armamentos de carácter militar, ni soldados ni barcos de guerra.

Para algunos políticos ticos, como el diputado del PUSC Lios Fishman, Chinchilla quizás ni tiene claro “el cheque en blanco que le dio a Estados Unidos, el cual, recordó, viola la Constitución Nacional, por lo cual es un acto ilegal.

Resulta improbable, a pesar de las movilizaciones populares y las declaraciones políticas en contra, que los diputados oficialistas den marcha atrás al documento ya suscrito.

Una vez más, las continuas denuncias de los líderes suramericanos, en especial el presidente venezolano Hugo Chávez, cuyo gobierno sufre continuas amenazas del gobierno de Obama, y antes del de Bush, cobran cuerpo en la presencia de los rubios soldados habituados a hacer y deshacer en estas tierras. Hasta un buen día.

Última modificación: 16 de julio de 2010 a las 18:04
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