viernes 17 noviembre 2017 Nuestra América Contenidos Latinoamericanos

Nuestra América

http://nuestraamerica.info

Martín Almada

"Nuestra tarea es denunciar y cortar las alas al Cóndor"

Fecha de publicación: 10 agosto, 2009

Ante el reciente hallazgo de los cuerpos enterrados en la ex Guardia de Seguridad durante la dictadura de Stroessner, el Premio Nobel Alternativo de la Paz, Martín Almada, menciona que hasta ahora habían encontrado toneladas de documentos pero “nunca un hueso” y destaca el descubrimiento de los Archivos del Terror o de la Operación Cóndor como elemento disparador del cambio en la historia del Paraguay.

Martín Almada es educador y abogado; estuvo preso en Paraguay durante la dictadura de Alfredo Stroessner y pudo, después de haber sido torturado y perder a su esposa que murió oyendo la grabación de las sesiones de tortura del marido, partir al exilio con su madre y sus hijos. Residió en París hasta que cayó Stroessner y entonces regresó tras la pista de la Operación Cóndor, nefasta articulación de las dictaduras del Cono Sur para perseguir y eliminar a los que llamaban subversivos y comunistas.

Al poco tiempo de haber vuelto a su país, el 22 de diciembre de 1992, descubre los Archivos Secretos de la Policía Política conocidos como Archivos del Terror (hoy Centro de Documentación de los Derechos Humanos del Poder Judicial), una cantidad de documentos que la policía y el ejército paraguayo guardaron durante décadas y que permite comprobar el plan macabro de exterminio que se llevó adelante sistemáticamente en el Paraguay en concordancia con las dictaduras de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Bolivia.

Por su labor en los Derechos Humanos, Almada recibió el Premio Nobel Alternativo de la Paz y continúa su lucha por el esclarecimiento de la verdad y la búsqueda de justicia después de tantos años de horror y muerte a causa de los terrorismos de Estado. En su casa opera la Fundación que dirige y que lleva el nombre de su esposa fallecida, Celestina Pérez de Almada, y además trabaja activamente, junto a su nueva compañera, en el Museo de las Memorias, que en tiempos de Stroessner fue un centro de torturas establecido en la Oficina Nacional de Asuntos Técnicos (conocida como “la Técnica”).

El carisma de Almada, su historia de tenacidad y su actividad hasta hoy en los Derechos Humanos lo convierten en un personaje admirable. A pesar de esto, algunos de sus compatriotas se encuentran públicamente enemistados con él, como sucede con tantos grupos y espacios en estos países desgarrados, donde la historia en lugar de unir a las víctimas en un solo reclamo, las separa sin posibilidad de conciliación. Sin embargo, su trabajo continúa sin descanso porque según afirma en esta entrevista, “el Cóndor sigue volando”.

¿Qué son los Archivos del Terror que se descubrieron en el año 1992?

El Archivo del Terror es una pieza documental que contiene los antecedentes de la represión en Paraguay y en América Latina. Más de tres toneladas de documentos que hoy tienen acorralados. Ese archivo contiene documentos del año 1929 hasta el año 1989. La primera represión en Paraguay la sufrieron los anarquistas españoles, italianos, franceses, que llegaron acá. Y eso comenzó en 1929. Después vino la persecución a los comunistas, después los socialistas y después nosotros los subversivos (se sonríe irónico). Eso en lo referente a Paraguay. En cuanto a la Operación Cóndor, encontramos una pieza clave que es el acta de nacimiento del Cóndor. Yo lo llamo así, el acta de nacimiento, pero el documento está titulado “Primera reunión de inteligencia”. El descubrimiento del archivo, que la prensa llamó “Archivo del Terror”, fue el 22 de diciembre de 1992. Ese día encontramos más de tres toneladas de documentos en las afueras de Asunción. Yo estuve preso y nunca sentí soledad en mi prisión. Pero ese día del descubrimiento me sentí muy solo y con mucho miedo de que venga el ejército o la policía a recuperar sus papeles.

¿Cómo fue el hallazgo reciente de los cadáveres enterrados en la ex Guardia de Seguridad?

Es muy importante ese hallazgo. Yo venía siguiendo esto. Aquí la segunda piel del paraguayo es el miedo. Pero con el presidente Lugo la gente cree que esto cambió y están empezando a perder el miedo, se manifiestan y quieren hablar. En el Museo de las Memorias está el mapa de Paraguay con todos los centros de tortura porque la gente está hablando. Hace cinco o siete años yo fui a dar una charla a Argentina y viene un hombre que quiere hablar conmigo. Había sido chofer durante 32 años del General Britez Borges, Jefe de la Policía. Normalmente la gente que me quiere dar información me pide plata, otros me quieren engañar, son enviados por la propia policía. Entonces yo dejo pasar un tiempo. Hasta que un día, exactamente el 15 de julio de este año, tomé contacto con una televisión comunitaria paraguaya que se llama Eco Cultura y fuimos a filmar lo que va a ser la sede de la Universidad Popular. A la vuelta les dije que tenía un amigo que quería contarme algo y fuimos a ver al chofer del general, pero estaba en el hospital. Después de 15 días nos recibe y me entrega un plano, que lo tengo acá, y ahí nos describe dónde están los desaparecidos. Nosotros estábamos esperando que termine la Cumbre de Presidentes del Mercosur para ir a ver el lugar que señalaba el plano. Al mismo tiempo, el Ministro de Defensa de Paraguay, el General Bareiro Spaini, me escribe una carta diciéndome que un soldado le había declarado el hecho al Ministerio de Defensa y que comunicó eso a la Fiscalía General. Es posible que en ese lugar se puedan encontrar 100 ó 200 personas ahí abajo, enterradas; argentinos, uruguayos, chilenos… el Cóndor está ahí. Yo a ese soldado que reveló el lugar no lo conozco pero ese sitio coincide con los datos que me había dado el chofer. De hecho este señor cree que se llegó hasta ahí gracias al plano que me entregó él. El asunto es que los fiscales que están actuando en Derechos Humanos son nostálgicos de la dictadura como la mayoría de los fiscales de Derechos Humanos que están actuando ahí y seguramente van a sabotear todo.

¿Cómo descubriste de la existencia de la Operación Cóndor?

Yo descubrí el Cóndor estando en el vientre del Cóndor. A mi me detienen el 26 de noviembre de 1974. A fines de la década del ’60 me empecé a sentir controlado por el ejército y la policía por mi trabajo como maestro. Desesperado fui a las embajadas a pedir una beca y la única que me dio una beca para estudiar fue la Embajada Argentina. En el año 1972 fui a hacer mi doctorado a la Universidad de La Plata. Creía que salía del infierno para meterme en el cielo pero salí de un infierno para meterme en otro infierno mayor en la Argentina. Un día, en los pasillos de la universidad, me encuentro con el Agregado Militar argentino en Paraguay, Coronel Juan Carlos Moreno. Ahí me dice que ya no es coronel sino civil y que es asistente del Dr. Guillermo Gallo, rector de la Universidad de La Plata. Treinta años después me entero de que Guillermo Gallo iba a dar charlas al Brasil y al Paraguay sobre cómo liquidar a los subversivos en la universidad. Se estaba montando la conspiración militar contra la sociedad del conocimiento en América Latina. Y el coronel seguramente hizo la lista y yo habría estado en esa lista, porque al regresar al Paraguay me secuestraron. Me llevan ante un tribunal de militares argentinos, chilenos, brasileños y paraguayos. Había sido Operación Cóndor. Y allí dicen que soy un terrorista intelectual. En primer lugar, fui interrogado por un coronel chileno. Después supe su nombre: Jorge Oteiza López, Coronel de la Fuerza Aérea. Parece que el Cóndor nació en el seno de la Fuerza Aérea Chilena. ¿Qué quería saber este coronel? Yo hice mis estudios de sociología de la educación en la Universidad Católica de Chile. Él quería saber mis contactos. Yo no tenía ningún contacto… Y después me torturó un argentino. Un amigo íntimo del ex presidente Menem. El que fue Jefe de Policía de Córdoba, Héctor García Rey. Ese casi me liquida en otra noche. Quería saber mis vínculos con los estudiantes argentinos subversivos. Yo no tenía ningún vínculo… Pero según la policía argentina yo estaba metido con el ERP y Montoneros, y no era cierto. De ahí me mandan 30 días a la cámara de tormento y a la Comisaría Primera sede Interpol que estaban haciendo bajo la inspiración del gobierno argentino. Interpol es la policía internacional para perseguir a delincuentes comunes. Aquí nació Interpol con el apoyo de Argentina para perseguir a subversivos. Y nos mandan ahí. Y a nosotros, a diferencia de otros países, nos torturaban a cara descubierta. Nosotros nos conocíamos bien torturador y torturado. Pero no conocíamos los nombres de ellos. Hasta que un día cae preso un comisario que tenía un hijo también en la Universidad de La Plata y este hijo integró el Centro de Estudiantes, es decir, se volvió subversivo. Y como el padre no lo delató se lo mandó como castigo entre los presos políticos. Él conocía a toda la gente. Entonces yo quería saber dos cosas: primero, cómo murió mi esposa, porque a mi me dijeron que se había suicidado pero yo estaba seguro de que ella no se iba a suicidar; segundo, por qué en mi país, Paraguay, me torturan militares extranjeros. Y este comisario me dijo: estamos bajo las garras del Cóndor. Esa fue la primera vez que yo escuché sobre el Cóndor. Eso fue mayo o junio del ’75 y el Cóndor se creó entre noviembre y diciembre del ’75. El comisario fue quien me reveló que a mi me torturó el Coronel de la Fuerza Aérea Chilena Jorge Oteiza López y que el argentino fue Héctor García Rey.

¿Cómo seguiste la pista del Cóndor?

Un día el comisario preso me dijo: Mire, Martín Almada, si usted alguna vez sale vivo de aquí lo que tiene que hacer es leer la revista policial del Paraguay, una revista que nosotros producimos y distribuimos entre los funcionarios del gobierno, hay que saber leer eso, ahí está todo. Este señor era funcionario de la oficina de telecomunicaciones, entonces estaba al tanto de todo. En la Comisaría Primera había más o menos 30 campesinos analfabetos y yo empecé a hacer alfabetización. Entonces castigado me trasladan por mala conducta a la Comisaría Tercera, sepulcro de los vivos, donde había gente que estaba 10, 20, 25 años. Estaba ahí prácticamente el Comité Central del Partido Comunista Paraguayo. Y en otra celda estaba un argentino, Amílcar Latino Santucho. Nosotros estábamos muy mal pero Santucho peor. Una de las paredes de la celda de Santucho daba con la cocina de la tropa y aquí en Paraguay en noviembre y diciembre esto es un calor infernal, y la celda de Santucho tendría 70 grados todos los días, yo no sé cómo salió vivo de ahí. Entonces hablo con Santucho y por segunda vez escucho la palabra Cóndor. Me cuenta de un chileno, Jorge Fuentes Alarcón, del MIR, que fue llevado ante un tribunal militar del Cóndor. Después me envían al campo de concentración y ahí conozco a una doctora, Gladys de Sannemann, paraguaya de padres alemanes. Ella fue perseguida aquí, fue a la Argentina e instaló un sanatorio en Posadas. Ahí van las fuerzas conjuntas argentinas y paraguayas, la secuestran y la traen al Paraguay para torturarla. Después la tiran al campo de concentración. Ella fue la tercera persona que me habló del Cóndor. Después de tres años preso hice una huelga de hambre de 30 días y gracias al Comité de Iglesias y a Amnistía Internacional obtuve mi libertad. Fui a un sanatorio, me recuperé y cuando salí mis ex alumnos de la escuela Juan Bautista Alberdi festejaron mi libertad, entonces dijeron que yo otra vez estaba haciendo subversión y me llevaron de nuevo. Y me meten en la Técnica que hoy es el Museo de las Memorias, una oficina que se creó en el año 1956. La primera escuela de asesinos de Paraguay. Después de eso logré salir exiliado a Panamá y allá el General Torrijos le habla al Secretario General de las Naciones Unidas y le dice que está un maestro paraguayo en calidad de refugiado político. Entonces el Secretario General de las Naciones Unidas le habla al Director General de Unesco en París y fui como Consultor de Unesco para América Latina. Mi situación cambió totalmente, pasé a integrar el cuerpo diplomático de las Naciones Unidas. En 1978 llego a París y llevo a mi madre y a mis tres hijos huérfanos conmigo. En Francia había una gran colonia de paraguayos entonces yo establecí una especie de puerta libre para que vayan a mi casa a comer. Y mi mamá cocinaba y hablaba en guaraní, porque para nosotros la lengua es muy importante, el 95 por ciento de los paraguayos hablamos guaraní y es motivo de orgullo. Yo por ejemplo soy el único abogado litigante en guaraní. Entonces cuando venían las familias de Paraguay iba al aeropuerto a esperar a las esposas y las muchachas de los generales, coroneles y ministros. Y en el Palacio de Naciones Unidas hay una pieza común y una para príncipes, reyes y jefes de Estado, y ahí llevaba a las muchachas paraguayas. Yo siempre con traje muy fino, elegantemente vestido y con mis zapatos de charol, para mostrar que cuidaba los zapatos como decía el General… Y las atendía muy bien y nunca hablaba de política. Les decía que me gustaban los perfumes, las modas y que me iba a casar con una francesa, la más bella francesa. Yo hablaba de cualquier cosa menos de política. Al terminar la reunión o la comida me preguntaban: Profesor, ¿en qué podemos serle útil? Entonces les decía: Dos cosas, yo soy adicto a la yerba mate y en segundo lugar me interesa la revista policial del Paraguay. Así me mandaban las revistas. Yo pensé que en París iba a estar un año o dos y duré 15, hasta que cayó Stroessner, pero cuando volví a Paraguay ya tenía identificados tres lugares.

¿Qué hiciste para encontrar los documentos que integran el Archivo del Terror?

Cuando volví al país se había cambiado la Constitución y apareció una figura que se llama Habeas Data. Entonces me presenté antes el juez y pedí mis antecedentes. Yo quería saber cómo murió mi esposa y en segundo lugar por qué militares extranjeros me torturaron en mi país. Pero la policía niega que yo haya tenido antecedentes políticos; yo nunca estuve preso. Entonces pido al juez ir a allanar los archivos de la policía. En esos días yo tenía tres lugares posibles. Alquilaba los coches más lujosos de Asunción y recorría la ciudad como buscando construir o comprar una casa, y yo iba con mi plano. Hasta que un día voy a un lugar y me encuentro con una abuela que me dice en guaraní: ¿Usted es el maestro combatiente Martín Almada? Y después me dice: Ustedes lo que salieron del país cuando vuelven quedan como héroes y nosotros que nos hemos quedado seguimos sufriendo. Y yo le pregunto: ¿Pero qué le pasa, abuela? Y me dice: Mire, esta propiedad que está ahí era mía hasta que vino el Jefe de la Policía Política, Pastor Coronel. Entonces me cuenta que lo llevaron a su hijo por comunista y ella negocia que le den el cuerpo vivo de su hijo a cambio de entregar la propiedad. Así quedó al lado odiando a la policía y al ejército. Al mismo tiempo, como pedí al Juzgado que se allane el archivo de la policía, eso se publica y recibo una llamada telefónica en la que me dicen: Profesor, sus antecedentes no están en la Central de Policía, están afuera de Asunción. Resulta que nosotros éramos torturados cerca de la Catedral y la gente iba a misa y se escuchaban nuestros gritos, ponían música a todo volumen pero igual se escuchaba. Entonces ellos querían un lugar más alejado y eso es a 10 km de acá. Entonces la señora que me llamó vino a mi casa y me trajo un plano porque me dijo que quería colaborar con la Justicia. Yo le llevo ese plano al juez y él me pregunta si quiero ir a la Central de Policía o a ese otro lugar. Entonces le digo: Mire, la abuela me dijo así y el plano coincide con ese lugar. Y así fue que el 22 de diciembre de 1992 fuimos a ese lugar y encontramos tres toneladas de documentos. En una comisaría normal, con una fachada normal, y en el fondo estaba el Cóndor. Tres toneladas de documentos. Pero, ¿quién fue esta mujer que me trajo el plano? Después de diez años descubro que era la mujer de un alto exponente de la Policía Política del Paraguay y que su marido se había ido con una chica joven, o sea por despecho ella me trajo el plano.

¿Cómo continúa actualmente tu trabajo en la investigación de lo que fue la Operación Cóndor?

Bueno, nosotros encontramos toneladas de documentos pero nunca encontramos un hueso… hasta la semana pasada. El descubrimiento de los archivos a nivel nacional sirvió como un disparador. Andrés Rodríguez dio el golpe el 3 de febrero de 1989, lo sacó a Stroessner y quedó el stronismo. Cayó la dictadura pero siguieron los nostálgicos de la dictadura. Recién con Lugo arranca aparentemente el cambio, la transición. Entonces el primer golpe lo dio Rodríguez, el segundo lo dimos nosotros, las víctimas, con el descubrimiento de los archivos y fue un elemento disparador. Por ejemplo, la Justicia comenzó a procesar a los militares y a los torturadores. Aunque hay una gran hipocresía porque los responsables de todo lo que sufrimos en América Latina fueron los militares pero quien hizo el trabajo sucio fue la policía. Pero los autores intelectuales fueron los militares. Entonces si usted pregunta le van a decir que en el Paraguay los criminales están presos. Eso es cierto, pero criminales que cumplieron órdenes, los autores intelectuales no. El descubrimiento del Archivo del Terror sirvió también para la creación de la Comisión Verdad y Justicia. Y antes de tener la Comisión nosotros tuvimos la reparación económica a las víctimas. Eso fue gracias a los archivos. Y gracias a la Comisión Verdad y Justicia ahora se enseña en la escuela la historia reciente. Entonces a nivel nacional tuvo mucho impacto el descubrimiento de los archivos y a nivel internacional nosotros concurrimos a todas las audiencias internacionales donde hay demandas contra Pinochet, contra Videla, o sea Cóndor, nosotros estamos ahí con nuestras pruebas. Pero la prensa muestra el Cóndor como algo que ya pasó y el Cóndor sigue volando. Nosotros encontramos documentos militares del año 1997 donde un coronel paraguayo le dice a un coronel ecuatoriano literalmente: Aquí le mando la lista de los subversivos paraguayos para que usted elabore la lista de los subversivos de América Latina. Eso ocurrió el primer semestre del año 1997. Entonces fuimos a la Justicia y lo hicimos traer al Coronel Francisco Ramón Ledesma a declarar. Y allí le dijo al juez que se habían reunido en Argentina en el año ’95, en Bariloche, con el presidente Menem y que fue también Pinochet. Ahí se intercambiaron las listas de los subversivos. En el año ’97 se reúnen los militares en Quito, Ecuador, y Pinochet fue a recibir la lista de los subversivos otra vez. Y ahora que no está Pinochet, ¿quién dirige la Operación Cóndor?, le pregunté al Coronel, y me contestó que es la Conferencia de Ejércitos Americanos y que ese organismo había sido originalmente creado por el Pentágono para contrarrestar a la Revolución Cubana. Después queríamos saber dónde iba a ser la próxima reunión y fuimos a la Embajada de Estados Unidos en Asunción a hablar con el Director de Derechos Humanos, y le preguntamos: ¿Ustedes están metidos en el Cóndor II? Y nos dijo: No, absolutamente, nosotros estamos comprometidos con la democracia, la paz, la libertad, etc. Hablamos de otras cosas, estuvimos como 45 minutos, fue muy amable… Y al despedirnos y caminar hacia la puerta le dije: Señor Director, ¿dónde va a ser la próxima reunión del Cóndor? Y… va a ser en La Paz, Bolivia, me contestó. Cuando entramos no sabía nada y cuando salimos nos dijo: La Paz. Entonces nos unimos Paraguay y Argentina y le pedimos a Hugo Banzer que nos deje entrar como observadores, que queremos saber quiénes son los subversivos en democracia. Y Banzer nos negó el derecho pero después supimos todo lo que pasó. Cuando nos negaron el ingreso les avisamos a las organizaciones de Derechos Humanos de Bolivia y ellos hicieron su escrache. Esa reunión fue en 1999 y recién ahora los militares están hablando de lo que pasó ahí. Más tarde a mi me cuentan que el punto central de esa reunión fue la libertad de Pinochet que estaba preso en Londres y en segundo lugar, la lista de los subversivos. El tema prioritario fue la libertad de Pinochet y la lograron. En el 2001 se reúne la Conferencia de Ejércitos Americanos en Santiago de Chile y quien les dio la bienvenida fue Ricardo Lagos. Y cada dos años se reúnen. Entonces el Cóndor sigue volando y la política de criminalización de las luchas sociales es parte de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

¿Qué otros descubrimientos se fueron haciendo en Paraguay?

Un día vino un señor aquí y me dijo: Vaya al Ministerio del Interior, va a encontrar una puerta secreta, eche la pared que está ahí para que descanse mi corazón, yo fui soldado y era el único que sabía leer y escribir. Como él era el que escribía, el Ministro del Interior de aquel momento, Sabino Augusto Montanaro, le ordenó que se ocupe del sótano del Ministerio del Interior. Y ahí había un sótano donde se tiraban a los presos. Yo había leído un libro de Epifanio Méndez que se llama “Lo histórico y lo antihistórico”, donde se relataba que un coronel norteamericano había traído equipos muy modernos para torturar. Y cuenta el caso de un estudiante que le perforaron una oreja y la otra y lo alzaron con una roldana. Yo me preguntaba cómo puede aguantar el cuerpo. Me impresionó mucho. Pasó el tiempo y 30 años después entramos con el gobernador del departamento de Misiones a ese lugar y encontramos los elementos de tortura. Y se rompieron las paredes y encontramos fotos y documentos de la Operación Cóndor. Hoy ya no es Ministerio del Interior, es una oficina donde se reúnen los gobernadores. Eso ocurrió el 30 de octubre del año pasado. Estamos encontrando centros clandestinos permanentemente. Lo más grave es que el jefe de la represión del Cóndor, Montanaro, se fugó a Honduras y cuando vuelve, el 1º de mayo de este año, dos jueces ordenan su detención y lo envían a la cárcel común, pero ahora la Corte Suprema de Justicia que son nostálgicos de la dictadura está procesando a los jueces que ordenaron la prisión de este genocida. Dicen que tiene más de 70 años. Sí, tiene más de 70 años pero no es un criminal es un genocida. Porque para nosotros la Operación Cóndor dejó como saldo más de 100.000 víctimas en la región: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay. Si uno analiza caso por caso encuentra sindicalistas, estudiantes, profesores, periodistas, religiosos y religiosas, abogados, jueces, fiscales, artistas, intelectuales… la clase pensante de América Latina. Y eso es el saldo de víctimas de la Operación Cóndor, torturados, asesinados y desaparecidos. Pero el Cóndor sigue volando, ahora bajo el nombre de Conferencia de Ejércitos Americanos. Nuestra tarea es informar, esclarecer, denunciar y cortar las alas al Cóndor.

Última modificación: 10 de agosto de 2009 a las 18:08
Hay 0 comentarios
captcha
Quiero ser notificado por email cuando haya nuevos comentarios.